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19 diciembre 2024

Brujo del sur

LA FALSA IDEA DE QUE LA NAVIDAD TIENE ORÍGENES PAGANOS

Ha llegado, una vez más, la temporada en la que los memes, artículos digitales y contenidos varios en las diversas plataformas y redes sociales, hacen una suerte de “mofa” sobre las prácticas o tradiciones navideñas, aludiendo a que, lo que están celebrando, es una suerte de “fiesta pagana” solapada.

Esta información, pululando por aquí y por allá, ha calado en los movimientos neopaganos, e incluso en los propios movimientos ateos o cualquiera que se encuentre en contraposición con el cristianismo.

Sin embargo, como pagano, me resulta preocupante que estos grupos repitan de paporreta el discurso sin haber profundizado, siquiera, en la veracidad del mismo, haciéndole un flaco favor a nuestro colectivo. Por tanto, me parece importante redactar este artículo, con miras a revisar las líneas de la historia, y poder delimitar cuán cierto (o no) es afirmar que la Navidad tiene orígenes paganos.

Las primeras sugerencias acerca de un posible “origen pagano” de la Navidad, surgen en el siglo XVI, de la mano de los protestantes, quienes buscaban señalar y criticar las prácticas de los católicos, diciendo que celebraban “fiestas paganas”. Esto no es extraño, dado que, como sabemos, a lo largo de la historia del cristianismo, sus distintas ramas han señalado a otras de herejes.

Tiempo después, los teósofos, ocultistas y autores del siglo XIX y XX, añadieron ciertos datos a los que pasaron como “ancestrales” o “paganos”, y que calaron en los movimientos neopaganos, especialmente, derivados de la Wicca. Autores como Gimbutas, Frazer, Graves, Murray, entre otros, han sido determinantes para construir, en el imaginario del neopaganismo, ideas que, a nuestra fecha, ya han sido desestimadas por su poco o nulo rigor histórico, pero que muchos siguen tomando como ciertas o ancestrales.

Pero, si vamos a hablar de ancestralidad, no podemos esquivar, de ninguna manera, los hechos que han caracterizado la historia de nuestra especie, siendo las celebraciones estacionales y agro-climáticas, las que han marcado los ciclos y formas de contar el tiempo para las culturas antiguas.

Solsticio de Invierno

Es creído por mucha gente que el Solsticio de Invierno ha sido siempre igual para todas las culturas de las distintas latitudes, pero ello incurre en un primer gran error. 

Las culturas que se desarrollaron en espacios más cercanos al Ecuador, donde las estaciones no eran tan marcadas como en espacios más cercanos a los polos, contabilizaban los ciclos por otros factores. Pensemos, por ejemplo, en Egipto, en donde las estaciones no estaban definidas por “mitades luminosas” y “mitades oscuras” del año, sino que sus ciclos se contabilizaban o definían con las crecidas del Nilo.

Sin embargo, en regiones más cercanas a los polos, es mucho más evidente el cambio de estación y el movimiento del Sol en el horizonte, y en cuanto al Solsticio de Invierno, éste era evidente por la posición que mantiene el Sol en el Horizonte que, a diferencia de los demás días del año, alcanzaba un punto en el cielo que no variaba durante aproximadamente tres días, como si se quedara quieto.

En ese sentido, podemos empezar a ver notables diferencias en lo que un Solsticio de Invierno significaba para una cultura según su posición geográfica. No obstante, más allá de la posición del Sol, no podemos perder de vista que lo que primaba era los ciclos agrícolas, y estos tenían sus particularidades y propio “calendario” de siembras y cosechas, de acuerdo a la zona del Globo en donde se encontrara determinado pueblo o civilización.

Por tanto, no. No todas las culturas tenían la misma interpretación del Solsticio de Invierno.

Solsticio de Invierno y los dioses solares en el Mediterráneo y el Egeo

Al encontrarse relativamente en la misma zona geográfica, las civilizaciones del Mediterráneo y el Egeo miraban los movimientos del Sol de una manera muy similar. Esto, por tanto, hacía que los mitos de cada una de estas culturas evidenciaran ciertas similitudes unas con otras, aunque cada una tenía su propia interpretación simbólica con respecto al evento astronómico. Por tanto, en un período invernal, era común que algunas culturas miraran una suerte de “nacimiento” del Sol.

Ahora bien, ubicándonos en el Mediterráneo y el Egeo, es importante situar nuestra máquina del tiempo en el siglo II de nuestra era, y ver qué estaba pasando: La edad de oro de muchas de las civilizaciones antiguas, ya había pasado. Todo era una mezcla de todo. Había tantos, pero tantos tipos de religiones y sectas que, básicamente, todo era una ensalada.

Era un período de efervescencia religiosa en tiempos incluso inestables, por decirlo de algún modo, y todas estas corrientes convivían, prácticamente, entre sí, y entre esas religiones, estaba también el cristianismo primitivo. De hecho, un testimonio de Plinio el Joven, nos relata que los cristianos, una vez a la semana, cantaban a su “cristo” durante el amanecer, y evidentemente, los paganos relacionaban esto con otros dioses solares, como pudo ser Mitra, por ejemplo.

Aquí es importante hacer un paréntesis dedicado a los que se han dejado encandilar por el famoso “Proyecto Zeitgeist”, y aclarar que la idea de que Buddha, Dioniso, Horus, entre otros, nacieron un 25 de diciembre de una madre virgen, que tuvieron doce apóstoles y murieron a los 33 años, es un completo disparate, y podríamos pasarnos todo un artículo entero explicando el porqué, pero es un tema que, para los fines de este artículo, no viene al caso. Sin embargo, me parecía prudente hacer la aclaración.

El hecho de que los paganos relacionaran al cristo de los cristianos con otros dioses solares, nos recuerda un hecho que muchas veces se nos escapa, y es que, durante esas épocas, el cristianismo convivía con las creencias paganas. De hecho, muchos parecen ignorar o pasar de la idea de que los paganos miraban a los cristianos y encontraban algunas similitudes con sus dioses. Algo que ocurría de manera natural en el pensamiento del hombre antiguo. Es decir, encontrar similitudes entre mi cultura y la tuya. Entre mis dioses y los tuyos.

Pues bien, lo mismo pasó con el paganismo, mirando al cristianismo primitivo, pues, tal como mencioné líneas arriba, había la idea de que el “cristo” de los cristianos, pudiera tratarse de una suerte de dios solar similar al Mitra de la antigüedad tardía, aquel Mitra cuya corriente de culto bebía del mitraísmo persa, el pensamiento greco-romano y otras concepciones orientales.

 

Las Saturnales

Aquí empezamos a destripar algunas de las famosas afirmaciones de los que consideran que la Navidad fue, o bien, un sincretismo de las Saturnales o, en su defecto, una forma de “anular” esta festividad pagana.

Las Saturnales eran una festividad vinculada con las cosechas, y estaban dirigidas al dios Saturno, un dios que, recordemos, es el predecesor de Júpiter. Júpiter es una deidad ordenadora, que representaba el paso al mundo civilizado, mientras que Saturno estaba previo a ello.

Cuestión que, entre los días 17 y 23 de diciembre del calendario juliano, se celebraba el recojo de las cosechas en una fiesta llena de algarabía, donde se podía romper con el orden civilizado, dejando salir más ese lado emocional del ser humano. Es aquí donde encontramos las primeras referencias al intercambio de cosechas, práctica que pudo ser la predecesora del intercambio de obsequios de hoy en día. Estas cosechas eran intercambiadas para demostrar la abundancia de lo recogido.

Estas fiestas, como vemos, no estaban vinculadas con el nacimiento de algún dios o de alguien en particular. De hecho, ni siquiera coincidían con la fecha del 25 de diciembre, sino que iban desde el 17 al 23 de diciembre, aunque luego fueron reducidas hasta el 19, pero hubo algunos que siguieron celebrándolo hasta el 23.

Sol Invictus

Hacia el siglo III de nuestra era, exactamente en el año 274, el emperador Aureliano oficializa el culto al Sol Invictus, como esta representación del Sol que triunfa sobre el invierno, augurando los días prósperos que vendrían luego del Solsticio de Invierno. Estas celebraciones tenían lugar entre los días 22 y 25 de diciembre, en el evidente contexto del mitraísmo romano. 

Por este tiempo, comenzamos a evidenciar una seguidilla de festividades que iniciaban con las Saturnales, y se empalmaban con la festividad del Sol Invictus. Sin embargo, mientras esto ocurría, es probable que el cristianismo también tuviera sus propias tradiciones o algunas celebraciones propias, y aquí es importante aclarar que, si los cristianos celebraban algo por estas fechas, definitivamente no era “el nacimiento de Jesús”, ni tampoco ocurría un 25 de diciembre, pero es precisamente en este siglo, el siglo III de nuestra era, en donde esto cambiaría.

La Fiesta de la Natividad

Recordemos que los cristianos primitivos no eran un grupo unificado. Había distintos grupos, cada uno desarrollándose de manera dispersa. Hacia el siglo II de nuestra era, el nacimiento de Jesús no era un tema que estuviera en la agenda del cristianismo. De hecho, se consideraba más la idea de la fecha de la muerte de Jesús, versus la de su nacimiento.Es así que, según su creencia, la muerte de Jesús habría ocurrido un 25 de marzo, y se consideraba que, en esa misma fecha, habría ocurrido la concepción del mismo.

Es por ello que, para el siglo III de nuestra era, Hipólito de Roma, haciendo un cálculo de nueve meses desde la fecha de la concepción (25 de marzo), concluye con la fecha de 25 de diciembre como la posible fecha de nacimiento de Jesús, hecho que terminaría siendo reconocido como una efeméride a la que se le llamó “la fiesta de la Natividad”.

Todo ello ocurría en tiempos de Constantino y, como recordamos, las similitudes entre una y otra deidad o tradición eran sencillas de reconocer. Es así que no fue difícil para Constantino evidenciar un símil entre el Sol Invictus y la idea del “cristo” de los cristianos como ese “sol que vence a la oscuridad”. Sin embargo, y contrario a lo que se piensa, la fiesta de la Natividad no suplantó en su momento a las otras festividades coetáneas, ya que sabemos que la Navidad y las Saturnales o incluso la fiesta del Sol Invictus, convivieron por dos siglos más. 

Llegados al siglo IV de nuestra era, con Teodosio I como emperador, el cristianismo niceno se convierte en la religión oficial del Imperio Romano, debido, como sabemos, a temas políticos que, durante ese tiempo, eran necesarios de atender en pro de mantener la Pax Romana, ante el crecimiento del cristianismo dentro del Imperio.

Hacia el siglo V de nuestra era, la fiesta de la Natividad ya había calado gradualmente en las tradiciones cristianas, oficializándose y creciendo en importancia, al punto de terminar de eclipsar, en el siglo VI de nuestra era, a las fiestas con las que alguna vez convivió. Es aquí donde podemos encontrar dos puntos importantes a considerar:En primer lugar, la Navidad surge como una fiesta dentro de las concepciones cristianas.

En segundo lugar, la efervescencia religiosa e inestabilidad de la antigüedad tardía (entre otros factores, por supuesto) fertilizaron el terreno que permitió el crecimiento del cristianismo y su posterior auge frente a otras corrientes con las que alguna vez convivió.

Esto nos deja claro que el cristianismo no tomó una fiesta pagana para crear la suya, sino que el crecimiento del mismo, terminó eclipsando a otras festividades, en su tiempo, coetáneas.

Yule

Quizás, una de las más frecuentes ideas del neopaganismo con respecto a simbología navideña que hoy conocemos, tales como el árbol, las guirnaldas, Santa Claus, entre otras, es el hecho de que éstas tengan un origen en el paganismo nórdico.

Es este punto en donde muchas teorías se han venido elaborando respecto a distintas tradiciones que se han vendido como “paganas”, pero que, dentro del rastreo histórico y las evidencias que tenemos hasta la fecha, parece que no lo son tanto.

Comencemos por hablar de Yule, aquella festividad que muchos neopaganos conocen gracias a la famosa “Rueda del Año” de la Wicca, y que la misma establece para ser celebrada entre los días 21 y 24 de diciembre, en el Hemisferio Norte (21 y 24 de junio, para el Hemisferio Sur).

Aquí es importante precisar que la “Rueda del Año” no es un calendario “ancestral”, sino una forma moderna de ordenar el ciclo natural en clave Wicca, para los fines que este sistema establece, reuniendo un mix entre festividades irlandesas, de las que tenemos registro gracias al Ciclo de Ulster (Samhain, Imbolc, Beltane y Lughnasadh) y festividades vinculadas con los Solsticios y Equinoccios que, en los 70, Aidan Kelly bautizó como Mabon, para el Equinoccio de Otoño, Ostara para el Equinoccio de Primavera, así como también se bautizó al Solsticio de Verano como Litha y, al Solsticio de Invierno como Yule.

Esto ha llevado a muchos a pensar que el nombre del Solsticio de Invierno, para los antiguos nórdicos, era Yule, pero nada más lejos de la realidad, ya que Yule no hacía referencia, precisamente, a una fecha específica, sino a toda una temporada, en la que estaba comprendido, por supuesto, el Solsticio de Invierno.

Esta temporada iniciaba con los vientos que anunciaban el inicio de los días fríos, oscuros y crudos que se traía el invierno que, como vimos previamente, era una época de mayor consideración para las regiones más cercanas a los polos. En este caso, nos compete referirnos a las regiones nórdicas.

En ese sentido, estos pueblos tuvieron sus propias formas de enfrentarse a las inclemencias del invierno, a través de costumbres que permanecieron en el folclor popular, incluso durante y después de su cristianización.

Y es que estas regiones fueron las últimas en ser cristianizadas, y al igual que como en otros casos, este proceso no fue de un momento para otro, sino que fue gradual, razón por la cual, muchas costumbres locales permanecieron incluso dentro del contexto cristiano, como podrían ser las famosas cabras de paja o los muérdagos.

Sin embargo, una de las tradiciones que hasta la fecha se sigue creyendo que es pagana, es el famoso “Árbol de Navidad”, o como prefieren llamarlo los neopaganos: “Árbol de Yule”. 

Árbol de Navidad

A menudo se suele encontrar en Internet y otros portales que el origen del árbol de Navidad es pagano, pues consideran que alguna vez se trató del árbol de Thor, o que representa al Yggdrasil, entre otras teorías.

Quizás el relato más conocido es el de San Bonifacio, un cristiano que vivió en el siglo VIII, de quien se nos cuenta que, al llegar a las regiones germánicas, vio que los paganos tenían un árbol consagrado a Thor, y que iban a hacer sacrificios para el dios, pero que Bonifacio lo termina talando e invitando a la gente a celebrar con un abeto dentro de casa, con las siguientes palabras:

“Este pequeño árbol, este pequeño hijo del bosque, será su árbol santo esta noche, es la madera de la paz, el signo de una vida sin fin, porque sus hojas son siempre verdes. Miren cómo las puntas están dirigidas hacia el cielo, hay que llamarlo el árbol de Jesús niño. Reúnanse en torno a él, y no en el bosque salvaje, sino en sus hogares. Allí habrá refugio, y no habrá actos sangrientos, sino regalos amorosos y ritos de bondad”.

Asimismo, se nos cuenta que coloca manzanas que representan el pecado original, y velas que representan a la iluminación de Jesús.

Es, precisamente, este relato el que lleva a muchos a sugerir que, en efecto, el árbol tiene un origen pagano. Sin embargo, éste forma parte del cuento del Primer Árbol de Navidad, escrito por Henry Van Dyke hacia finales del siglo XIX.

Aquí es importante apuntar que Henry Van Dyke fue un escritor y clérigo estadounidense quien, a través de su relato, pretende contarnos una suerte de idea de cómo pudo surgir el árbol de Navidad, en donde se muestra el triunfo del cristianismo sobre el paganismo nórdico.

Pero, todo esto, dentro del contexto de la ficción, ya que no tenemos registro de que Bonifacio, en efecto, haya hecho tal cosa como se narra en el cuento, ni tampoco tenemos un solo registro de que los paganos nórdicos hayan realizado las prácticas que Van Dyke sugiere, durante alguna festividad vinculada con el Solsticio de Invierno.

Ahora bien, más allá del cuento de Van Dyke, hemos tenido referencias del uso de árboles en contexto cristiano, que datan del siglo XVI, en donde estos representaban al Árbol de la Vida del Paraíso en obras teatrales de carácter religioso, debido a sus hojas perennes.

Aunque muchos consideran que la decoración del árbol de Navidad puede tener orígenes paganos, la verdad es que no tenemos ningún registro de ello. El registro de la decoración de árboles los tenemos hacia la baja edad media, en una época en donde el paganismo ya estaba extinto. De hecho, unas primeras aproximaciones a la idea del árbol, datan del siglo XV, específicamente, de 1419, donde se dio noticia de un árbol decorado con dulces, en un hospital de la ciudad de Freiburg, ubicado en la actual zona forestal que comparten Francia y Alemania. 

Décadas después, la práctica de decorar árboles se extendió más allá de la región boscosa de donde empezamos a tener registro. Hacia el siglo XVII, esta práctica empezó a adquirir mayor relevancia en toda Alemania, pero no fue sino hacia el siglo XIX que termina siendo importado en Finlandia, para luego desplazarse hacia Inglaterra. No obstante, también hubo quienes, en la segunda mitad del siglo XIX, se opusieron al árbol, debido a que consideraban que éste era una costumbre netamente alemana. Sin embargo, la historia la conocemos: El árbol terminó calando en cada rincón del mundo en donde el cristianismo era religión principal.

Hay quienes también afirman que se habla de este árbol en la Biblia, específicamente en Jeremías 10: 2-4, pero esto se trata de una mala interpretación del texto, ya que de lo que se habla en ese pasaje, es acerca del proceso de talar un árbol para crear con su madera imágenes que luego serían decoradas. Habla de los ídolos creados a partir de las madera de árboles talados, no de decorar árboles.

De hecho, no tenemos ni un solo registro de que en el mundo antiguo pre-cristiano se talaran árboles y se llevaran al interior de las casas para ser decorados ahí durante el Solsticio de Invierno. Se especula muchas cosas al respecto, pero no hay un solo registro de eso. Por tanto, esta práctica del árbol, no tiene orígenes paganos.

El Tronco de Yule

Otra de las ideas más sonadas en el mundo neopagano, es el hecho de encontrar en el famoso Tronco de Yule, una práctica posiblemente pagana que reemplazaría a las prácticas cristianas de estas fechas. 

Sin embargo, la referencia más antigua que tenemos de este tronco, data del siglo XII de nuestra era. Es decir, data de una época en donde el paganismo estaba prácticamente extinto. Este registro, quizás, nos dé alguna pista del porqué de las leyes y regulaciones que surgieron en los años 1,300, en la misma región de la que hablamos en el apartado del árbol, en donde se hace referencia a la gente que talaba árboles y llevaba madera a sus hogares. De hecho, no tenemos registro de para qué se usaba esas maderas, pero se infiere que era para calentar los hogares.

Por tanto, las referencias al tronco, las encontramos dentro de un contexto cristiano. No tenemos registros más antiguos que ése. Sin embargo, no es descabellado pensar en el uso de troncos lo suficientemente grandes como para mantener el calor de hogar, sobre todo si nos referimos a zonas en donde el invierno es más crudo. Aunque esto sea una práctica por demás natural, independientemente de las creencias de quienes la lleven a cabo, es importante recordar que todo lo que sabemos del famoso Tronco de Yule, se mueve en un contexto ya cristiano. 

Navidad y el paganismo moderno

Como vemos, la Navidad es una fiesta que nace y se desarrolla dentro del contexto cristiano. No es el resultado de una fiesta “robada”, aunque, con el paso del tiempo y el crecimiento del cristianismo, sí que fue eclipsando y finalmente reemplazando a otras fiestas con las que alguna vez convivió.

Esta convivencia entre fiestas, entre los siglos III y VI, es nuestra primera clave para entender que la Navidad fue el nombre que los cristianos dieron a su propia festividad, calculada para el 25 de diciembre por la idea de que, tanto la muerte como la concepción de Jesús, estaban fechadas un 25 de marzo.

A lo largo de este texto, hemos podido ir desmontando las teorías que siguen pululando por la web, acerca de los “posibles orígenes paganos” de la Navidad, y es que cualquier persona, sea pagana o no, no debería quedarse en lo que le dijeron y casarse con ello por lo “bonito” o “cool” que suena tal o cual postulado carente de rigor, sino que debería añadir siempre la cuota de escepticismo que le invite a profundizar más en lo que le dicen, a ver si de verdad es así.

Sin embargo, para el caso de la Navidad, es interesante cómo nace siendo una fiesta cristiana, y de la misma manera, el paso del tiempo ha hecho que poco a poco se le escape de las manos al cristianismo. Es decir, si nos damos cuenta, mucha de la simbología que otrora tuvo un significado dentro del contexto cristiano (como lo pudo ser el árbol, tal como vimos), ha ido perdiendo su significado de fondo, y ha ido adquiriendo una nueva interpretación para el mundo de hoy.

De hecho, muchas de las prácticas de corte simbólico que se traen estas fiestas hoy en día, carecen de trasfondo cristiano o incluso religioso, y en su mayoría, la secularidad de la misma, lleva a muchos a tomarla como una fiesta de fin de año, en donde te reúnes con la familia, realizas compras, intercambias regalos, preparas cenas especiales, bebes y disfrutas.

Por ese lado, me atrevo a decir que conserva mucho de nuestro pensamiento “saturnal”, ya que, recordemos, las Saturnales, del 17 al 23 de diciembre, fueron momentos de celebración de lo cosechado, de intercambio y de rompimiento con el estilo de vida que el ciudadano conservaba dentro de una rutina más civilizada. Pues, bien, las fiestas de fin de año nos traen cierta sensación de indulgencia, en donde las empresas rompen con su formalidad, realizando fiestas o agasajos, donde todos los trabajadores dejan salir su lado festivo y desenvuelto. Asimismo, la comida preparada para la cena de Navidad suele ser algo completamente distinto a lo que habitualmente cenas durante todo el año. Eso sin mencionar la bebida. De hecho, los regalos que se hacen, son producto del esfuerzo cosechado que hoy podemos traducir como el dinero ganado a lo largo de un arduo año.

Todas estas prácticas, hoy en día, han adquirido un simbolismo de carácter cultural en un mundo globalizado como el nuestro. Las propias películas o shows de televisión que han abordado el tema de las fiestas, han mostrado ejemplos de tal o cual “tradición” navideña que muchos han replicado en sus hogares, o han inventado las propias. Lo interesante es que, si uno lo mira en perspectiva, nada de esto remite a ningún nacimiento de ningún “cristo”. Todo remite a actividades que se estilan hacer por las fiestas de fin de año, ¡incluso en muchos hogares católicos!

Es verdad que hay grupos cristianos que mantienen el significado de la fiesta de la Natividad y realizan determinadas prácticas de corte litúrgico que tienen que ver con ésta. Prácticas como el famoso “adviento” encendiendo una vela cada domingo para “anunciar la llegada de Jesús”, en un acto simbólico que representa el “nacimiento de la luz”, acompañando estos ritos con la lectura de pasajes de la Biblia. O también, el “ritual” de destape o colocación de la figura de Jesús nacido en una representación miniatura del nacimiento, a la que se le conoce como “Belén”; entre otras.

Sin embargo, y a pesar de que muchas familias católicas mantienen ciertos ritos de corte litúrgico vinculado con estas fiestas, estos terminan representando un pequeño acto de solemnidad, versus toda la parafernalia que trae consigo la Navidad. 

Ahora bien, ¡y mucha atención con esto! El hecho de que la simbología de la Navidad, hoy en día, esté perdiendo el carácter religioso con el que fue creado, NO DEBERÍA, de ninguna manera, distraer a los paganos, haciéndoles creer que podemos celebrar Navidad con todo lo que esto implica.

Es verdad que los paganos somos minoría, y siempre lo seremos. Por tanto, es verdad que no podemos, simplemente, hacer de ciegos y sordos ante lo que globalmente ocurre con esta efeméride, tenga o no un significado religioso, dado que, al ser una fiesta prácticamente global, está dentro de la cultura popular, y tus amigos, conocidos o familia tendrán algo que ver con ella.

Frente a esto, los paganos tenemos que ser conscientes, en primer lugar, que ésta no es una fiesta que tenga que ver con nosotros. Ni los orígenes, ni nada. Es una fiesta cristiana, y mientras ésta ocurre, por más global y comercial que hoy sea, no podemos perder de vista la honra a las fiestas de nuestros ancestros que ocurrían por estas fechas; pero, por sobre todas las cosas, no podemos desprendernos ni dejar de prestar atención y honrar los ciclos naturales, y según el hemisferio en el que te encuentres, honrar el Solsticio de Invierno o Solsticio de Verano.

En segundo lugar, es evidente que no podremos escapar de las invitaciones de familiares o de amigos o de colegias para una cena o reunión, ya sea por tradición o por sumarse a la propia parafernalia de estas fiestas. Frente a esto, como buenos paganos, debemos mantener el respeto a la casa y su anfitrión. Sin embargo, esto no significa que se tenga que participar de los ritos de carácter religioso, sobre todo si estos tienen que ver con una religión que no es la tuya, y que incluso, es refractaria con el paganismo en sí. Hacerlo sería un sinsentido.

Podemos optar por mirar estas fechas como una buena excusa para reunirse con la familia o los amigos, romper un poco el molde, comer y beber, hacer regalos, etc. Así como también podemos optar por pasar de la misma, si el contexto en el que uno vive lo permite. Lo que debe quedar claro es que esta fecha no tiene ningún carácter pagano, ni representa nada para nosotros los paganos. No busquemos disfrazar estas excusas con la idea romántica de que sus orígenes lo fueron, porque eso no fue así. Sus orígenes son plenamente cristianos, y si queremos “sacarle la vuelta” a la fiesta, optemos por celebrar aquellas que nuestros ancestros celebraban por estas fechas, y sobre todo, no perder jamás de vista los ciclos naturales y honrarlos.

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